El aloe vera, así denominado y descrito por Linneo, y el
aloe barbadensis descrito por Miller, así como el aloe
vulgaris de Lamarck, son una misma y única planta.
Actualmente la clasificación botánica oficial se ha decantado
por el nombre de aloe barbadensis para el áloe medicinal
mientras que aloe vera queda como la denominación corriente
que vamos a adoptar en este estudio.

El asunto del "nombre" se complica aún más por el hecho de
que Miller también había descrito y bautizado como "aloe
vera" a un áloe que no tiene nada que ver con el de Linneo, y
que no parece poseer ninguna de las propiedades medicinales
de la planta descrita por el botánico sueco. De ahí surgieron
innumerables confusiones y disputas entre expertos...
El aloe barbadensis (o aloe vera de Linneo) alcanza una
altura media situada entre 60 y 90 cm. Sus hojas, de 40 a 50 cm
de largo, adornadas con púas, tienen una anchura de 6 a 10 cm
en la base. Las hojas del áloe están revestidas por una cutícula
(capa protectora) cuyas estomas filtran el aire y el agua. Bajo
esta membrana se halla una primera dermis celulósica, que
abriga cristales de oxalato de calcio, y las células pericíclicas
de la savia amarilla y rojiza con propiedades laxantes llamada
"sangre" del áloe. Finalmente, dentro de esta triple protección
vegetal, he aquí el parénquima incoloro, que forma el gel
buscado de la planta. La calidad de este gel depende mucho del
suelo y de las condiciones climáticas de la zona de cultivo.